El secuestro, la trata de personas y la extorsión se agudizan en la frontera de México, en medio de una espeluznante situación que salta con las denuncias de quienes fueron secuestrados y maltratados.
la bestia apjpg1

MIAMI.– Informes aseguran que crímenes, descuartizamientos, drogas, secuestros, extorsiones, esclavitud y prostitución de menores y adultos son cometidos por los carteles de la droga, traficantes de migrantes y trata de personas en la frontera de México, donde parece imperar la ‘ley del más fuerte’ y la migración se presenta como una de las actividades más lucrativas para el crimen organizado.
Janeth, a quien solo llamaremos por su primer nombre por razones de seguridad, logró sobrevivir por lo que considera un milagro.
Fue secuestrada en la zona fronteriza por una red de traficantes de drogas y personas, y ahora recuenta hechos crueles inimaginables, imágenes horrendas vistas solo en películas de terror, violencia y narcotráfico.
Historias como la de Janeth, de origen salvadoreño, no son nuevas, pero están saliendo a luz con mayor recurrencia en los últimos meses.

Cifras oficiales indican que 1.734.686 de migrantes fueron arrestados en la frontera sur al cierre del año fiscal 2021, casi cuatro veces más que el año fiscal de 2020, que registró 458.088 arrestos, según las estadísticas de la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza (CBP).

Es una cifra sin precedentes, que supera las registradas en 1986 con 1.69 millones, y del año 2000 con 1.67 millones migrantes indocumentados detenidos en la frontera.

Oficiales de la patrulla fronteriza han encontrado a 130.710 niños no acompañados en toda la línea divisoria con México, muchos de esos niños son menores de 12 años, que fueron llevados a la frontera y abandonados en el desierto, según reveló el diario mexicano Excelsior.

La psicóloga Alma Tucker, presidenta de la Red Nacional de Corazones y directora de La Casa Jardín, refugio especializado en atender a niños y adolescentes, dijo que ese delito va en aumento porque es “muy lucrativo”.

“Antes ocupaba el tercer lugar como uno de los delitos lucrativos, sin embargo, ahora ocupa el segundo lugar a la par de la venta de armas”, señaló.

Luego agregó: “Lo difícil es poderlo visualizar, pero en el crimen organizado los traficantes trabajan de manera muy clandestina. Ahora con la tecnología utilizan Internet para ofrecer a las personas, las mujeres, a los niños, las niñas, no es algo que se pueda detectar tan fácilmente”, acotó la experta.

Los migrantes deben pagar miles de dólares a los contrabandistas. Aun así, muchos son secuestrados y sus familias deben pagar miles de dólares por el rescate.

Las historias de familias pidiendo ayuda financiera para pagar el rescate de sus son ahora comunes en las redes sociales. Otros son obligados a cruzar con paquetes de drogas para pagar el tránsito hacia Estados Unidos o son esclavizados y prostituidos, como le sucedió a Janeth.

Janeth salió de El Salvador con destino a Estados Unidos hace ocho años, en busca del ‘sueño americano’. Quería darles una mejor vida a sus dos hijos que estaban creciendo, sin imaginar que viviría una historia de abusos y terror.

Aún en México
efectivos la nueva guardia nacional detienen migrantes que viajaban polizones lo alto los vagones del tren carga conocido como la bestia la localidad san mateo el estado chiapas mexico la noche del miercoles 26 junio

La sobreviviente relata que su familia la creyó muerta por mucho tiempo. Se aventuró a montarse en el tren conocido como la “bestia”, pero a medio camino, en el kilómetro 31 en Veracruz, México, le tocó, junto a un grupo de migrantes, caminar sobre los rieles durante varias horas para llegar a la estación de trenes en busca del próximo para continuar la ruta hacia Estados Unidos.

Ahí se quedó con en el grupo de migrantes de Centroamérica. “Eran unos diez”, relató. “Nos hacíamos compañía en esa hermandad que uno va haciendo en el camino. Me senté, tenía mis pies inflamados, me estaba quitando los zapatos cuando se acercaron tres hombres ofreciéndonos comida y un lugar de descanso en la casa del migrante que le llaman ‘La madre’, pero decidimos no aceptar para no perder el tren. Se fueron y más tarde regresaron armados en vehículos, nos golpearon y obligaron a subir a los autos. Los otros grupos de migrantes lograron correr”.

En el trayecto los requisaban para quitarles lo poco que llevaban. “Uno no trae dinero, viene contando el pesito que trae en la bolsa”.

Janeth recuerda que los llevaron a una casa donde había unos 100 migrantes sentados en una sala, que también estaban secuestrados y en espera de que sus familias pagaran por el rescate; había hombres, mujeres y niños.

Al nuevo grupo de secuestrados, en el que estaba Janeth, lo llevaron a un cuarto. Ahí les volvieron a golpear y exigirles los números de teléfonos de sus familiares.

Con un arma que le apuntaba en la frente, Janeth aseguró que la obligaron a llamar a un familiar en Canadá. Debía decir las palabras precisas que le indicaron. “Le dije a mi hermana que necesitaba dinero urgentemente, pero me dijo no tenía y que solo me podía enviar 50 dólares en ese momento para comida. A mi se me empezó a quebrar la voz y ellos cortaron la llamada”.

Janeth no supo más de su familia. Atrapada por el miedo, dijo a los secuestradores que su familia era pobre y que no había manera de que les pagara. La respuesta del jefe de la banda la dejó con mayor angustia. “Me dijo aquí quien entra no sale, si no es que paga su derecho a salir”.

La madrugada del segundo día del secuestro, uno de los integrantes de la banda se le acercó para decirle que la llevarían a otro lugar porque se les había ido la cocinera y que con el trabajo iría acumulando para pagar su “derecho” a salir. No había opción.

La movieron a otra casa donde había más personas secuestradas. La llevaron a dormir a un cuarto en un segundo piso donde había otra mujer; era una hondureña cuya ‘suerte’ cambió porque el jefe de la banda se enamoró de ella y fue algo así como la ‘patrona’. Pero la conversación entre ambas no continuó. Un hombre apareció en la puerta y le ordenó bajar para darle de “comer a los perros”. Más tarde, Janeth supo que así, “perros”, llaman a los migrantes secuestrados.

Arroz y frijoles era lo que cocinaba y distribuía en proporciones muy pequeñas, en platos y vasos desechables y sin cubiertos como medida de seguridad. También cocinaba para los integrantes de la banda y el menú era muy diferente. Debía permanecer despierta para servirles “bocas” durante las “borracheras”.

“Había mujeres, niños llorando, era un montón de gente. Todos metidos en la casa, eran vigilados por hombres armados. No tenía horario para dormir. Me obligaban a consumir cocaína para que no me durmiera, para servirles a ellos y a la gente que llevaban”, relató.

El cuarto de los amarrados

Durante su secuestro vio pasar a muchos hombres por el ‘cuarto de los amarrados’. Ahí permanecían atados de pies y manos, y vendas en los ojos. La primera vez que le tocó llevar comida, recuerda que le llevó las manos atadas a uno de los secuestrados al lugar donde le dejaba la comida; eso le valió una fuerte golpiza. “Me dijeron que no podía hablar ni tocar a ningún perro”.

Janeth también lavaba la ropa de los integrantes de la banda y a Paola, la hondureña. El jefe de la banda, apodado ‘el carnicero’, se le acercó cuando le lavaba la ropa. Estaba drogado y tomando licor.

“Me preguntó que si sabía dónde estaba, y me dijo que debería darle gracias a Dios por haber caído en manos de una banda bien organizada. Le dije que no sabía dónde estaba y que lo único que quería era que pasara el tiempo para pagar mi salida. Su ropa olía a gasolina. Antes me había dicho que era mecánico y pensé que eran hombres que tenían doble vida”, recordó.

“Ese día me dijo que no era mecánico, que era carnicero, y le dije que su ropa olía a gasolina, pero que le quedaría limpia. Él se reía, estaba drogado y bebía, me dijo que ojalá todas las mujeres fueran inocentes como yo”, apuntó.

“El pantalón no solo olía a gasolina, estaba achicharrado en el dobladillo, y me dijo que si no me había dado cuenta de que lo que estaba lavando eran trozos de los perros que había alimentado. En ese momento me dijo quiénes eran las personas amarradas. Eran guías y coyotes que los secuestraban porque eran su competencia, y entiendo que si no les pagaban los mataban. Los hacían cachitos (descuartizaban), los metían en un barril y los quemaban. Por eso se hacían llamar carniceros. Cada líder de una casa era el carnicero”, relató.

“Hasta ese momento me doy cuenta de que había lavado muchas veces su ropa en ese estado”, relató.

Janeth aseguró que vio matar y mutilar gente.

“A partir de ese día, sentí que me trataban con más confianza y empezaron a llevarme a hoteles, a otras casas seguridad para cocinarle a otros grupos de la organización y nos empezaron a sacar a las mujeres; nos llevaban a un hotel de Veracruz, entrábamos a un dormitorio donde había media luz y los hombres que estaban ahí elegían a la que querían, a veces elegían a tres mujeres para un solo hombre, nos llevaban a diferentes dormitorios para drogarnos y violarnos”, apuntó.

“Vi niñas de ocho y 10 años. Niñitas que estaban al lado de nosotros, donde nos ponían para ser seleccionadas. Prefieren mujeres embarazadas o mujeres y hombres con niños porque les generan ‘ganancias’ al ser vendidos a otros grupos”, aseguró.

Janeth aseguró que logró salir “por un milagro de Dios” porque no tiene otra explicación. Había visto mucho durante el tiempo que estuvo esclavizada y eso estaba en su contra. Testigo de muchas historias de migrantes con las que bien puede escribir un libro. Hoy trata de reconstruir su vida, pero hay huellas que la han dejado marcada y ahora necesita ayuda sicológica.

Grave fenómeno

La psicóloga Tucker sostiene que existe una alta vulnerabilidad para los niños, unos logran reunificarse con sus familias en Estados Unidos, otros no porque se van perdiendo en el camino. Caen en el oscuro mundo de la trata y el narcotráfico, pero no es información que esté accesible.

“Es una situación muy lamentable. Es muy alta la vulnerabilidad de estos niños, de estas personas. Alguien les dijo [en países de origen] que había una frontera abierta y el crimen organizado, consciente de esta oportunidad, continúa infiltrándose en ellos para reclutar y forzar a la participación de actividades en el mercado negro y en el tráfico”, precisó.
Tucker, una defensora de las víctimas de trata, se refiere a otro grupo de vulnerabilidad, los migrantes que están en campamentos en la frontera, a la espera de poder ingresar a Estados Unidos a través de asilo.

‘La Casa Jardín’ que dirige Tucker logró rescatar a un menor hondureño que estuvo en esos campamentos. Su madre había sido forzada a prostituirse y como consecuencia “el niño estuvo en el abandono y también lo prostituyeron hasta que alguien hizo la denuncia y fue rescatado. Ingresó a nuestro refugio, llegó un niño con mucho miedo, inseguridad, con mucho daño y aquí en nuestro refugio le damos un sinfín servicio para atenderlos y que vuelvan a sonreír”, dijo la psicóloga.

“Casos como estos los oímos en repetidas situaciones, que ahora, con la idea de que la frontera está abierta y que ningún niño se queda atrás, siguen viniendo miles de personas y los padres mandan a sus hijos y hay adultos que están rentando niños para poder ingresar a los Estados Unidos”, acotó.

“Me pregunto cómo logran ingresar a los Estados Unidos, donde todo está controlado. No pueden decir ‘yo voy a cruzar’, tiene que usar estos grupos organizados que cobran cantidades exageradas. Tengo entendido que por cruzar en vehículos les cobran hasta 15.000 dólares, por cruzar por los cerros 10.000, y no sé cómo lo logran si vienen a veces sin dinero”, cuestionó.

El Gobierno de Joe Biden ha prometido que no expulsará a los niños que lleguen a la frontera. Y aunque la idea pueda tener buenas intenciones se convierte en un caldo de cultivo para el crimen organizado.

“A muchos los secuestran y cobran el rescate a las familias, a otros los obligan a ingresar a los Estados Unidos transportando drogas, entonces es una situación muy delicada, que necesita la atención de ambos lados de la frontera [gobiernos de EE. UU. y México]”.

Tucker sostiene que este asunto no es atendido adecuadamente por los gobiernos de México y Estados Unidos.

“No se aplican recursos para la investigación, para el estudio de los casos. Molesta a las personas del gobierno (de México) hablar del tema”, señaló.

“Ofende admitir que hay trata de personas. Es mejor no hablar de ello y no hacer nada contra este grave fenómeno”, subrayó.

De hecho, en el estado mexicano de Baja California “hay una fiscalía especializada para prevenir y combatir la trata de personas, pero realmente atienden a los que logran escapar y denunciar. Pero no se hace un trabajo de investigación”, acotó la experta.


@FloresJudith7
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.