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The Guardian contra Cameron

La creciente tensión entre España y Gran Bretaña a raíz de la disputa económica y diplomática alrededor del Peñón de Gibraltar, el enclave en territorio español que Londres El buque de guerra HMS Westminster, listo para zarpar a Gibraltar. Foto: Reuters ocupa desde 1704- la prensa británica se hizo eco de la situación y un periodista que trabaja para Sunday Times y la BBC , escribió un duro editorial contra el gobierno de Cameron y la corona británica en el influyente diario The Guardian , reivindicando la soberanía española en el territorio meditarráneo y también la soberanía argentina en cuanto a las Islas Malvinas.

El periodista Simon Jenkins arremetió contra "los enclaves coloniales británicos" en pleno siglo XXI en un editorial titulado "Gibraltar y las Malvinas niegan la lógica de la historia".

"El Imperio Británico ha desaparecido, está muerto y enterrado, terminado y la sola idea de una nave británica destinada a amenazar a España es ridícula. ¿Se supone que bombardeará Cádiz?", escribe Jenkins y agrega: "El examen de la situación de las colonias británicas actualmente disputadas, Gibraltar y Malvinas , surgen sólo dos conclusiones: o bien la posición inglesa tiene bases sólidas en el derecho internacional, o bien "todo esto no es hoy más que una completa aberración".

Por supuesto que el autor se inclina por lo segundo: "Los Estados-nación del siglo XXI ya no sufren la humillación de ser amputados por esos restos de imperios que datan de los siglos XVIII-XIX -escribe. Hoy, la misma realpolitik impone su desmantelamiento", afirma.

Y expone la duplicidad de la corona inglesa respecto de la cuestión colonial: "Va de suyo que los habitantes de esas colonias tienen derecho a la consideración, pero nunca se ha visto a esos derechos ganarle al realismo político. Por otra parte, ésa no fue nunca la posición de Gran Bretaña. (...) No nos tomamos el trabajo de consultar a la población de Hong Kong o de Diego García, sin mencionar siquiera la idea de acordarles la 'autodeterminación', cuando Gran Bretaña decidió arrojarlas al olvido de la Historia".

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“tonto”, “ineficaz” y “bobo”

La embajadora argentina en el Reino Unido replicó así a unas declaraciones de James Cameron tras la asunción del papa Francisco. “Es malvinero”, dijo del Sumo Pontífice.

Alicia Castro dejó de lado el lenguaje diplomático que requiere su cargo de embajadora en el Reino Unido y calificó al premier británico James Cameron como “tonto", "ineficaz" y "bobo” durante una jornada por el tema Malvinas en el Senado de la Nación. Lo hizo para replicar unas declaraciones realizadas por el inglés tras la asunción del papa Francisco, al que la funcionaria K definió como “papa malvinero”.
Castro aseguró que el referéndum realizado en Malvinas "fue extraordinariamente útil para nosotros", porque sirvió para mostrar a la gente común que la posición de Londres "no es racional" y destacó "la suerte extraordinaria de tener un Papa argentino, malvinero".
Sin guardarse adjetivos negativos, la embajadora K recordó que fue el premier quien cuando fue elegido Francisco en Roma, recordó las declaraciones que había expresado siendo cardenal en Buenos Aires, al cumplirse el 30 aniversario de la guerra de Malvinas, cuando pidió rezar por los que "salieron a defender a su madre, la Patria, a reclamar lo que es suyo, de la Patria, y les fue usurpado".
Al respecto Cameron fue tajante: ““No estoy de acuerdo respetuosamente, claro”, dijo el premier. “La fumata sobre las Falklands fue muy clara. Hubo un referéndum extraordinariamente claro en las Falklands, y creo que es un mensaje para todos en el mundo de que la gente de estas islas ha elegido claramente el futuro que quiere”, sostuvo.

Castro fue más allá y señaló destacó "la suerte extraordinaria de tener un Papa argentino, malvinero". Además, con ironía, preguntó sobre Cameron: "¿Se puede decir tonto en el Congreso?" y luego reemplazó el término por "ineficaz", aunque después insistió con "bobo" para aludir a primer ministro británico.

EE UU se bloquea ante la crisis egipcia

La impotencia del presidente Obama frente a sus interlocutores egipcios aparece como un elemento central que podría ser una manifestación de un giro trascendental.

Los acontecimientos de Egipto tienen una importancia considerable, por supuesto. En una región que podría hundirse en el caos como consecuencia de la monstruosa guerra civil siria, el retorno de los atentados sangrientos en Irak y las amenazas que pesan sobre las revoluciones libia y tunecina —sin olvidar las negociaciones israelo-palestinas, sobre cuyo desenlace ya nadie se aventura a emitir un pronóstico, por prudente que sea—, la gravedad de los sucesos egipcios tiene múltiples repercusiones. Para Egipto, evidentemente, que se juega su futuro: regreso a la dictadura o, pese a todo, incluido el baño de sangre, instauración de una nueva transición democrática. Para Estados Unidos, entre cuyos aliados estratégicos en la zona no solo estaba Arabia Saudí, sino también Egipto. Para Europa, aunque en menor medida, que necesita un Egipto estable. Para las revoluciones árabes, cuyo fin podrían estar anunciando estos hechos. Y, finalmente, para el islam político.

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